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Cambio climático en la Denominación de Origen Calificada Rioja

María Paz Diago ha estado investigando la evolución del impacto del cambio climático en la Denominación de Origen Califica Rioja, en un proyecto financiado por la Fundación Biodiversidad del Ministerio para la Transición Ecológica y por la Universidad de La Rioja, que concluyó el 31 de julio de 2019.

 

Esta investigación ha servido para hacer “un diagnóstico a nivel técnico y socioeconómico del conocimiento, evolución e impacto del cambio climático en la Denominación de Origen Calificada Rioja. La idea era valorar cómo ha evolucionado el clima, y la fenología del cultivo es decir  fechas de brotación, floración, cuajado y vendimia en los últimos 60 años –desde 1950 a 2014– y paralelamente hacer por primera vez un estudio sociológico a nivel de toda la Denominación sobre la percepción y en qué les afecta este cambio climático a los distintos agentes que conforman el sector vitivinícola así como las medidas que reclaman a la administración”.

 

Para la evaluación del clima –indica la investigadora– “se tomaron los datos de los últimos 60 años de lo que se denominan mallas climáticas de alta resolución, que fueron cedidas por Roberto Serrano Notivoli, investigador del Instituto Pirenaico del CSIC, con las que conseguimos tener una resolución  prácticamente de 5 km por 5 km con un punto diario de temperatura y de precipitación con una resolución espacial muy alta. Se dividieron los 60 años en dos series de 30 para poder establecer comparaciones –siguiendo todas las metodologías publicadas a nivel europeo– en los 136 puntos de esa malla climática, que respondían a la Denominación de Origen Rioja, al tiempo que se determinaron las principales variables climáticas”. También se analizaron para cada municipio de la Denominación, los cambios por década de las variables climáticas. 

 

Los resultados a los que ha llegado el grupo de trabajo coordinado por María Paz Diago indican que: “el promedio de la temperatura ha aumentado entre 0,9 y 1,3 ºC tanto en la temperatura mínima como el de la máxima. Que la precipitación anual no ha mostrado variaciones significativas en los dos períodos de 30 años 1950-1981 vs 1982-2012), salvo en una pequeña zona de Rioja Alta, en concreto en Haro, Casalarreina, Cuzcurrita…, poblaciones que siguen el curso del Ebro, donde se han observado descensos significativos, de entre 60 y 120 mm anuales. ¿Por qué sucede esto?, porque las precipitaciones muestran una gran variabilidad interanual y aunque se consideren períodos de 30 años, al compararlos entre sí, las diferencias no son significativas. También se ha analizado si ha habido cambios en la distribución estacional de estas precipitaciones. Tradicionalmente las mayores precipitaciones sucedían en invierno y otoño, observando que la tendencia es a disminuir en ambas estaciones aunque no sucede de forma significativa. Está lloviendo menos en invierno y en otoño, pero no especialmente, mientras que en verano y en primavera no ha habido cambios reseñables. Los números de días cálidos, superiores a los 35º, han aumentado significativamente y las heladas han disminuido y, la fecha de las últimas heladas, también ha sufrido cambios”. 

 

Trabajar con el Índice de Winkler sobre la integral térmica, ha servido para caracterizar las zonas vitícolas. Según este índice  las regiones 1 son las más frías y las  2, 3 y 4, cada vez, más cálidas. “En la primera treintena evaluada  Rioja Alta –apunta María Paz Diago– tenía de promedio una mayoría de región 1 y 2 y el resto de la Denominación estaba en la zona 2, y una pequeña parte de La Rioja Oriental (entonces Rioja Baja) en zona 3, pero ahora ha habido un salto a una región de temperatura superior, por ello la región 1 ha pasado a 2, y una buena parte de las zonas calificadas como región 2 han pasado a región 3, lo que es significativo. Por tanto estamos en una región cada vez más cálida para el cultivo de la vid”.

 

Ligado a todo esto y en colaboración con investigadores de viticultura de la Universidad Pública de Navarra se realizó una modelación matemática de las fechas de fenología, para brotación, floración y envero de dos variedades de uva: Tempranillo y Garnacha. “Y lo que se observa es que hay adelantos notables para las tres fechas. En el caso del Tempranillo, para el estado fenólógico de yema, hay un adelanto entre 2 y 4 días, para Garnacha, entre 3 y 5 días de adelanto. En la floración, de 3 a 7 días en las dos variedades y en el envero, se ha adelantado 6 y 12 días, para las dos variedades, por lo que se vendimia más pronto que hace años”.

 

En la parte sociológica de la investigación, liderada por Sergio Andrés Cabello, del Departamento de Ciencias Humanas y el área de Sociología de la Universidad de La Rioja, se ha realizado “480 encuestas a pie de campo, se ha contado con 2 grupos de discusión de 15 personas cada uno, y con un conjunto de entrevistas en profundidad a más de 20 personas del sector vitivinícola de la DO. Se demostró que efectivamente entre el 80 y el 90 % de los encuestados no niegan el cambio climático; el 64 % asume que ha aumentado el coste de la actividad vitícola en sus explotaciones, sobre todo por temas de implantación de riego, de contratación de seguros o inversiones en bodegas”, señala María Paz Diago, al tiempo que expone las demandas de los encuestados, que se centran en “una formación seria que reclaman a las administraciones públicas para la adaptación de medidas para el cambio climático, y que no todo se quede en múltiples jornadas aquí y allá. Además piden ayudas económicas.  Por último el 70 % no tienen una visión catastrofista de lo que va a pasar, sino que indican que se podrán adaptar a las nuevas condiciones”.