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Javier Ibáñez y José Miguel Martínez Zapater investigan la variación genética del tempranillo

  • Javier Ibáñez y José Miguel Martínez Zapater investigan la variación genética del tempranillo

Javier Ibáñez, científico titular del CSIC, trabaja en el ICVV prácticamente desde su creación. Investigador en Genética de la Vid desde 1995, inició su trabajo en el Instituto Madrileño de Investigación y Desarrollo Rural, Agrario y Agroalimentario (IMIDRA), para seguidamente recalar en Logroño, “un cambio con el que estamos contentos tanto la familia como yo”.

 

Aparte de otros proyectos, recientemente ha obtenido financiación del Plan Estatal de Investigación Científica y Técnica y de Innovación para el proyecto  BIO2017-86375‐R, que lidera junto con José Miguel Martínez Zapater. Este proyecto tiene como finalidad el estudio de la variación somática en tempranillo. Con el término “variación somática” nos referimos a las mutaciones o variaciones que se producen espontáneamente en las vides a lo largo del tiempo. Mutaciones que se transmiten por la propagación vegetativa que se usa para multiplicar la variedad. La mayor parte de las mutaciones no provocan ningún efecto, en algunos casos pueden tener un efecto perjudicial y las plantas portadoras se suelen eliminar, pero esporádicamente se producen variaciones que pueden ser útiles para el cultivo. Por ejemplo, en algunos casos de variedades tintas se han obtenido variedades blancas, como ha ocurrido con la garnacha o el tempranillo. Pues bien, el objetivo principal del proyecto es conocer el origen y la dinámica de estas mutaciones. Queremos saber qué tipo de cambios se producen y con qué frecuencia y a partir de esa información aprender sobre la historia de la variedad tempranillo, estimar la cantidad de variación que contiene y posibilitar la obtención de nuevos clones o variedades que mejoren los que tenemos en la actualidad. Todo ello pensando, además, en los principales retos que existen tanto a nivel global como a nivel nacional dentro del mundo del vino”, señala Javier Ibáñez.

 

El inicio de esta investigación se centrará en el estudio de la variación somática de tempranillo, para ello harán uso de nuevas y potentes herramientas tecnológicas, “por lo que vamos a secuenciar el genoma de tempranillo y a ensamblarlo de nuevo, lo que significa que vamos a convertir el genoma de tempranillo en un genoma de referencia, algo muy importante desde el punto de vista científico. A partir de ahí vamos a re-secuenciar el genoma de cepas viejas de tempranillo y compararlas con el de referencia, para tratar de estimar cuál es la tasa con la que se han ido produciendo mutaciones con el paso del tiempo”, indica el investigador. Los resultados obtenidos en tempranillo se intentarán validar en otras variedades.

 

Pero Javier Ibáñez nos indica que el proyecto BIO2017, además de los objetivos comentados, tiene tres propósitos más aplicados: “el primero tiene que ver con la variación somática y el color. Lo he comentado antes sobre el  tempranillo blanco que es una variante de tempranillo tinto que surgió hace más de 30 años. Queremos ver qué otros factores, además del color, se ven influidos por estas mutaciones: qué cambios afectan a la composición de la uva e influyen en la calidad del vino, y si ocurren a través de cambios en la expresión génica. También queremos identificar o desarrollar nuevos tempranillos blancos. En segundo lugar, vamos a seguir estudiando la variación somática que existe para la compacidad del racimo. Dentro de la colección de clones disponemos de un clon de tempranillo con racimo suelto y hemos visto que se relaciona con una diferencia en la morfología de la flor, por lo que queremos estudiar la base genética de esa diferencia y cómo se puede utilizar ese conocimiento para mejorar y obtener nuevos clones de Tempranillo de racimos sueltos. Por último vamos a investigar aspectos relacionados con el cambio climático, que está produciendo un acortamiento del ciclo anual de la vid y un desacoplamiento entre la maduración tecnológica y la maduración fenólica. Gracias a la colaboración con grupos del ICVV que están seleccionando clones de tempranillo de maduración tardía, hemos observado que existe también variación somática para la longitud del ciclo. En un escenario de cambio climático, sería muy útil conocer cuál es la causa de esta variación y utilizar esta información para mejorar la variedad”.

 

El tiempo de trabajo previsto para estas investigaciones dura exactamente los años para los que son financiadas, tres. Javier Ibáñez y José Miguel Martínez Zapater figuran como investigadores principales de un equipo conformado por dos investigadoras de la Universidad de La Rioja, Cristina Menéndez Menéndez, profesora titular de Mejora Genética y María del Mar Hernández Álamos, profesora titular interina, y por Sergio Ibáñez, investigador del Gobierno de La Rioja, y cuenta con la colaboración de Pablo Carbonell-Bejerano, que está en el Instituto Max Planck (Tubingen, Alemania) financiado por una beca Marie Curie.

 

Todo está planificado, pero Javier Ibáñez nos recuerda que “esta investigación requiere contar con buenos materiales, cepas que sean lo más antiguas posibles, es decir centenarias y prefiloxéricas, y ya tenemos localizadas algunas. También es esencial poder asegurar la edad de las mismas. Para lo que estamos en contacto con Nere Amaia Lascurain, una investigadora del País Vasco que está tratando de determinar la edad de las plantas a través de los anillos del tronco de la planta, aunque éste es un tema complicado en la vid porque en muchos casos el interior de las plantas centenarias está podrido y no se puede sacar nada de ellas. En todo caso, contamos con la colaboración de muchas personas del sector productivo a las que estamos agradecidos y estamos abiertos a ampliar el catálogo de plantas antiguas de edad conocida susceptibles de incorporarse al proyecto”.