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Tres investigadores predoctorales: Andrea Martín, Rubén Blanco y Sandra Marín

  • Tres investigadores predoctorales: Andrea Martín, Rubén Blanco y Sandra Marín

El Instituto de Ciencias de la Vid y del Vino necesita, como cualquier entidad para tener futuro, la incorporación de jóvenes investigadores que alimenten su presente y nutran su futuro. Son los investigadores pre-doctorales que inician sus Tesis y formación doctoral, gracias a las ayudas predoctorales financiadas, en este caso, por la Dirección General de Innovación, Trabajo, Industria y Comercio del Gobierno de La Rioja, que asumen sus contratos, el pago de los gastos de matrícula del doctorado y desde el segundo año, unos fondos para poder asistir a congresos.

 

En el ICVV ahora mismo hay tres investigadores que reciben este tipo de ayudas: Andrea Martín Guindal, Rubén Blanco Pérez y Sandra Marín San Román

 

Andrea Martín Guindal es una madrileña que hizo el grado de Biología en la Universidad Complutense, con la mención en Biotecnología y seguidamente marchó a Valencia para hacer el postgrado, un máster en Biotecnología molecular y celular, tras lo que recibió la oferta de trabajar en el ICVV dentro del grupo Microwine,  “me pareció muy interesante por lo que me presenté a la convocatoria y al final soy una de las becarias de la Comunidad Autónoma desde finales de octubre de 2018”. Andrea se enfrenta a su primera investigación profesional, en el inicio de una carrera que le gustaría tuviera continuidad aunque es consciente “de que es muy difícil después del  doctorado, tendré que irme al extranjero y seguir dependiendo de ayudas”.

 

Su Tesis “Mejora genética mediante evolución dirigida de levaduras enológicas por biología de sistemas” dirigida por Ramón González, Jordi Tronchoni y Pilar Morales tiene como objetivo “la reducción del grado alcohólico en vino, cuyo aumento se debe principalmente a dos factores: el cambio climático, que aumenta el contenido de azúcares y por tanto el contenido de etanol al final de la fermentación, y el actual gusto de los consumidores por vinos con más cuerpo, con más contenido fenólico, lo que hace que haya que retrasar las cosechas incrementando aún más el contenido de azúcar. Este aumento es un problema para los consumidores tanto porque produce la pérdida de los aromas del vino como porque cada vez estamos más concienciados con llevar una vida saludable. Para los bodegueros también supone un problema puesto que el contenido de alcohol eleva las tasas de exportación”.

 

Andrea Martín Guindal recuerda que se trata de un proyecto que “desarrollamos en colaboración con diferentes laboratorios del extranjero, por lo que mi tesis se enmarca dentro de un proyecto que ya está en vigor, el proyecto Coolwine, en el que ya se han marcados objetivos a medio plazo. Ahora mismo estamos intentando obtener cepas de levaduras tanto Saccharomyces como No-Saccharomyces que den ese menor rendimiento alcohólico, mediante evolución dirigida basándonos tanto en lo que ya se conoce de las rutas metabólicas de las levaduras como en la información que obtengamos de EvolveX, un algoritmo que están desarrollando en uno de los laboratorios colaboradores y que nos indicará a qué condiciones debemos someter las cepas para redirigir el flujo metabólico hacia una menor producción de etanol. Aportar nuevos datos para alimentar ese algoritmo también es parte importante del proyecto de mi Tesis”.

 

El doctorando Rubén Blanco Pérez también disfruta de un contrato predoctoral de la CAR. De origen leonés y licenciado en Biología por la Universidad de León, su carrera profesional ligada a la investigación arrancó en el año 2009 en Florida (EE. UU.), trabajando como técnico de laboratorio en una estación experimental de la University of Florida, que sirvió para reencontrarse con un laboratorio tras sus tiempos de estudiante universitario. El siguiente destino fue la ciudad suiza de Neuchâtel. En 2013, en la Universidad de esta ciudad, se inició en el campo de la nematología, en una estancia que se prolongó por algo más de dos años, y que tuvo su continuidad en la Universidade do Algarve, en Portugal.

 

Matriculado en el programa de doctorado de Enología, Viticultura y Sostenibilidad de la Universidad de La Rioja desde julio de 2017, no fue hasta  junio del año pasado cuando se instaló de forma definitiva en Logroño, y comenzó su andadura en el Instituto de Ciencias de la Vid y del Vino. Completados los trabajos de campo exploratorios en los que descubrió una nueva especie de nematodo entomopatógeno (al que le pusieron el nombre de Steinernema riojanense), se enfrenta ahora a nuevos retos en el campo del control biológico de plagas mediante estos nematodos. Nuestro siguiente paso será utilizar estos nematodos aislados en viñedos riojanos para tratar plagas de la vid”, sostiene Rubén Blanco.

 

Junto a sus directores de Tesis, Vicente Santiago Marco Mancebón, Ignacio Pérez Moreno y Raquel Campos-Herrera, inicia una línea de investigación cuyo objetivo es la formulación de estos organismos para su aplicación aérea, ampliando así el rango de plagas diana a aquellas cuyo ciclo vital no recoge ningún estadio presente en el suelo. “Las plagas propias de la parte aérea de los cultivos, como la araña roja o la polilla del racimo de vid, no han desarrollado, obviamente, estrategias de defensa contra agentes de control propios del suelo, como son los nematodos entomopatógenos, de modo que si logramos formulaciones óptimas que permitan la supervivencia de estos organismos lejos de su hábitat natural, contaríamos con una herramienta de control biológico muy poderosa que permitiese reducciones significativas en el uso de plaguicidas”.

 

Finalmente, Sandra Marín San Román, nacida en Villamediana de Iregua, estudió el Grado en Química en la Universidad de La Rioja. Completó sus estudios haciendo el Máster de Química y Biotecnología, cuyo trabajo de fin de Máster fue dirigido por Teresa Garde Cerdán, que es su actual tutora y con la que comenzó a entrar en el mundo de la investigación, que finalmente la ha atrapado. Sandra está trabajando en el ICVV desde el 1 de octubre de 2018, donde comenzó su Tesis “Estimación de la composición aromática de la uva empleando tecnologías no invasivas en el viñedo y en la bodega, utilizando SBSE-GC-MS como método de referencia”, codirigida por Teresa Garde Cerdán y María Paz Diago Santamaria y tiene como tutora a Belén Ayestarán.

 

“El primer trabajo es determinar la composición aromática de las uvas, en este caso de uvas de Tempranillo blanco y Tempranillo tinto, durante toda su etapa de maduración, desde el comienzo de la maduración hasta una sobremaduración. Posteriormente vamos a medir con sensores no invasivos, en el campo, obteniendo espectros en el visible (VIS) y en infrarrojo cercano (NIR), que nos van a permitir estimar la composición aromática de las uvas. Al mismo tiempo, con esas mismas uvas, cuantificaremos la composición aromática en el laboratorio. De este modo lo que haremos es comparar los resultados obtenidos en el laboratorio con los conseguidos en campo y estudiar si existe una correlación. Si existiera esa correlación, el agricultor sería capaz de estimar la madurez aromática en el campo, pudiendo vendimiar según sus intereses enológicos”.

 

Sandra dedicará este primer año de su Tesis a optimizar el método analítico, ya que se trata de una técnica nueva. “En el segundo y tercer año vamos a determinar la composición aromática en las uvas de esas dos añadas durante la maduración, tanto en el campo como en el laboratorio. Y el último año lo dedicaremos a analizar los resultados obtenidos, escribir la Tesis y elaborar algunos artículos científicos”.