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Las señales químicas que ayudan a proteger el viñedo. Entrevista a César Gemeno Marín en la serie ‘ICVV: investigación de vanguardia’

Esta acción, una iniciativa de la Dirección del Instituto junto a la publicación La Prensa del Rioja, pretende hacer un recorrido del ICVV en detalle. Desde los grupos de investigación y las personas que los integran, hasta los proyectos más novedosos y las contribuciones más relevantes al sector vitivinícola.

El grupo Chem-Ecol del ICVV investiga nuevas herramientas para monitorizar plagas y optimizar su control a partir del estudio de las señales químicas que utilizan insectos y plantas para interactuar.

La lucha contra las plagas en el viñedo no depende únicamente de tratamientos o productos fitosanitarios. También pasa por comprender cómo se comunican los organismos que forman parte del ecosistema vitícola. En ese ámbito trabaja el grupo Chem-Ecol del Instituto de Ciencias de la Vid y del Vino, liderado por César Gemeno Marín, que aplica los principios de la ecología química para desarrollar estrategias de control más precisas y sostenibles.

La ecología química estudia las interacciones entre organismos mediadas por compuestos químicos, como las feromonas o las sustancias emitidas por las plantas. Estas señales influyen en procesos tan importantes como la localización de alimento, la reproducción o la respuesta frente a amenazas. Comprender su funcionamiento permite desarrollar nuevas herramientas para monitorizar y gestionar plagas agrícolas.

Uno de los principales objetivos del grupo es contribuir a reducir la dependencia de los productos fitosanitarios mediante sistemas que permitan conocer mejor la evolución de las poblaciones de insectos y actuar únicamente cuando sea necesario. En lugar de sustituir completamente los tratamientos, se busca mejorar la toma de decisiones y optimizar las intervenciones.

Entre las líneas de trabajo más avanzadas destaca el desarrollo de trampas automatizadas para el seguimiento de la polilla del racimo (Lobesia botrana), una de las plagas más relevantes de la viticultura. Estas herramientas permiten recopilar información con mayor frecuencia y precisión, facilitando una respuesta más rápida ante posibles incrementos de población.

El grupo también estudia otras especies de interés, como el mosquito verde, así como diferentes aspectos de la biología y ecología de los insectos plaga. La incorporación de nuevas tecnologías, como sensores, electrónica de bajo coste, conectividad e inteligencia artificial, abre además nuevas posibilidades para avanzar hacia sistemas de monitorización inteligente y modelos predictivos capaces de anticipar riesgos.

En un contexto de creciente demanda de prácticas agrícolas sostenibles, la combinación de conocimiento biológico y tecnología ofrece nuevas oportunidades para mejorar la protección del viñedo. Comprender las señales químicas que regulan el comportamiento de los insectos puede convertirse en una herramienta clave para lograr una viticultura más eficiente, respetuosa con el entorno y preparada para los retos del futuro.

 

Accede aquí a la entrevista completa.